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La migración masiva a España, por aire y por mar

¿Bolivianos desesperados y arcas llenas?

Alfonso Gumucio D.

Publicado el: marzo 28, 2007 5 min.

La prensa internacional recoge la noticia de que la policía española impidió el desembarco en el puerto de Cadiz, de 86 bolivianos que llegaban sin la documentación necesaria en el navío Sinfonía que zarpó de Fortaleza, Brasil. Aún antes de que entre en vigor, el 1º de abril, el requisito de una visa para entrar a los países Schengen de la Unión Europea, España se ha dedicado a detener y expulsar centenares de bolivianos. ¿Se irían los bolivianos a otros países si tuvieran mejores oportunidades de trabajo en el suyo?

La migración de bolivianos a España, según estadísticas recientes, ha superado en número, a la de ecuatorianos. Las dos principales líneas aéreas de Bolivia, Lloyd Aéreo Boliviano y Aerosur, han duplicado sus vuelos semanales a Madrid. Pero además, centenares de bolivianos salen por aeropuertos de Brasil, Argentina, Perú y Chile. En alguna parte he leído que más de 800 bolivianos llegan cada semana a España, de los cuales un 30% son devueltos por la policía de migración por corresponder al perfil de los que van para quedarse a trabajar, no por turismo o estudios.

Si la emigración por trabajo continúa a este paso, nos vamos a convertir en un país que vive de las remesas, como Guatemala, El Salvador o incluso México. Para los dos países centroamericanos, las remesas son la principal fuente de ingresos, que supera de lejos las exportaciones. El 39% de los guatemaltecos (casi cuatro millones de personas) sobrevive gracias a lo que le envían sus familiares desde Estados Unidos. La cifra es enorme: US$ 3,610 millones (tres mil seiscientos diez millones de dólares). En segundo lugar está el turismo, con apenas mil millones de dólares, la tercera parte. En México, aunque parezca increíble, la cifra de las remesas ha superado a la de las exportaciones de petróleo.

Un país que vive de las remesas que envían sus ciudadanos en el exterior, es un país donde el Estado ha sido derrotado y no tiene capacidad de mantener a su población. Se convierte en un Estado que depende de la población emigrante para mantener al país.

Llama poderosamente la atención que esta migración masiva de bolivianos, nunca antes vista en nuestro país, se produzca precisamente cuando los indicadores económicos son los mejores que ha tenido Bolivia en muchos años. Las exportaciones se han incrementado en cantidad y en precio, el Estado percibe más por concepto de impuestos y regalías, los nuevos contratos del gas –si es que son ratificados por las compañías petroleras- anuncian un incremento substancial en los ingresos. Las condonaciones de deuda por parte de organismos multilaterales como el BID, y países amigos -que son resultado de la simpatía que existe por el proceso boliviano de cambio- se añaden a esa situación positiva para la economía del país.

Como nunca antes, el Banco Central de Bolivia tiene en sus bóvedas reservas internacionales por valor de US$ 3,400 millones (tres mil cuatrocientos millones de dólares). Eso significa que las reservas se duplicaron desde 2005, en apenas dos años.

Entonces, ¿qué significa todo esto? ¿Qué relación tiene con la migración masiva de bolivianos al exterior? ¿No estamos frente a una cruel contradicción?

Es una paradoja que mientras las arcas del Estado están llenas y mientras la situación económica vive una bonanza sin precedentes como resultado del contexto internacional, miles de bolivianos emigren en busca de trabajo, desesperados por salir del país.

No se puede atribuir esa migración a una crisis macro-económica, ni a la represión política, pues no la hay. Entonces, la conclusión es que los índices macroeconómicos positivos no están beneficiando a la población. En otras palabras: el dinero está bien guardado en lugar de estar invertido. La bonanza no llega a la mayoría de los bolivianos, no hay una distribución equitativa.

Al cabo de poco más de un año de gestión de gobierno, queda cada vez más claro que el tiempo se ha ido en hacer política, es decir, en lo simbólico, antes que en hacer desarrollo. Solamente el desarrollo planificado puede generar empleo, solamente el desarrollo puede hacer que los bolivianos se beneficien.

No basta el seguro universal de salud, ni la escuela para todos, ni los bonos Juancito Pinto o Bono Sol. Todo eso es un beneficio relativo cuando no se tiene trabajo. El Estado paternalista no es la solución de largo plazo. La principal fuente de bienestar y de estabilidad es siempre el trabajo.

No puede haber trabajo sin desarrollo, y no puede haber desarrollo sin inversión. Y no puede haber inversión sin proyectos, sin planes, sin estrategias. Obtener mejor ingresos es solamente un paso, luego falta saber gastar ese dinero y desarrollar el país.

El gobierno del MAS tiene que dar un golpe de timón. Ya tenemos suficiente en el terreno de lo político y simbólico, quizás sobredosis de discursos y buenas intenciones… Ahora el país necesita programas y proyectos que permitan activar la economía y crear fuentes de trabajo. Pero naturalmente esos proyectos y estrategias no pueden salir de la cabeza de personas que asumen posiciones de poder sin tener conocimientos técnicos (ya se vio el desastre que eso significó para YPFB). Colocando a administradores fieles y obsecuentes al partido o al presidente, pero ineficientes e ignorantes de los temas que manejan, no se puede lograr mucho. La nueva camada de afiliados políticos que ocupa la mayoría de los puestos de responsabilidad en el gobierno, ha demostrado que no tiene lo que dice tener: “visión de país”, visión de futuro.

Basta de improvisaciones y de improvisados. Si queremos que acabe esa desesperada huida de bolivianos al exterior, si queremos que cada uno de ellos recupere la dignidad de ser boliviano, hay que ofrecerle oportunidades de trabajo en el país.

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