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Más allá de la Asamblea Constituyente

La multiculturalidad en Bolivia

Mauricio Ochoa Urioste

Publicado el: enero 3, 2006 3 min.

La moderna instalación del Cine Center de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra proyecta con gran éxito el filme ?American Visa?, del director Juan Carlos Valdivia. El mismo éxito obtuvo la proyección de la cinta cinematográfica ?Sena Quina, la inmortalidad del cangrejo? dirigida por el cineasta ítalo-boliviano, Paolo Agazzi.

El amor de la beniana Blanca y el orureño Mario narrado en la novela de Juan de Recacochea y la producción cinematográfica boliviano – mexicana “American Visa”, así como la amistad del tarijeño “Justo Pascual”, el cruceño “Miami Vaca” y el paceño “Falso Conejo” en la película “Sena Quina, la inmortalidad del cangrejo”, son historias que recrean con maestría la vida cotidiana de los bolivianos. Ciertamente en Bolivia la multiculturalidad alcanza un sentido existencial e ineluctable: personas de distintos orígenes, lenguas, razas y costumbres, comparten diariamente sueños, alegrías y tristezas.

Tras la caída del Muro de Berlín, la diversidad cultural en la actualidad ha permeado viejos fundamentalismos en algunos países, principalmente de Europa Oriental y del Medio Oriente – su sentido negativo – y la construcción de una democracia más pluralista, en otros – su sentido positivo –. Según el francés Martín Hopenhayn, este sentido positivo alcanza su máxima expresión en el multiculturalismo proactivo: una fuerza histórica positiva capaz de enriquecer el imaginario pluralista-democrático, avanzar hacia mayor igualdad de oportunidades y al mismo tiempo hacia mayor espacio para la afirmación de la diferencia.

En el caso boliviano, es necesario que el análisis de la multiculturalidad forme no sólo parte de las futuras políticas de Estado y la Asamblea Constituyente; sino también de los esfuerzos colectivos para patentizar estos cambios normativos en todos los niveles sociales, o como dice el mismo Hopenhayn: el multiculturalismo proactivo invita a combinar múltiples campos de acción política, y de diseño y aplicación de políticas. Los foros, convenios y tratados internacionales, así como las constituciones dentro de los países, constituyen una base jurídico-política desde la cual se puede avanzar en esta dirección. Pero si la propia sociedad civil y los sistemas políticos no se movilizan con imaginación e iniciativa, dicha base jurídico-política puede confinarse a letra muerta.

El desarrollo de esta base jurídico-política incluye básicamente pasar a un modelo educativo con vocación multicultural, promover el acceso a las nuevas tecnologías, la protección de los derechos económicos y sociales, y advertir a la sociedad sobre los riesgos de mensajes xenofóbicos y/o discriminatorios en los medios de comunicación. La primera tarea – el modelo educativo con vocación multicultural – le corresponde a la sociedad boliviana entera, encargada de desarrollar un escenario de constante interculturalidad, en la casa, en el trabajo, en la escuela, en la universidad, en los medios, en la ciencia y en el arte, a través de expresiones tan variadas como el fomento a las prácticas comunicativas basadas en el respeto al otro y la reciprocidad en la comprensión dentro de la educación inicial; la enseñanza, práctica e investigación de los derechos humanos en las facultades de derecho; o las expresiones espirituales que contribuyen a difundir la multiculturalidad cotidiana como en la referida creación cinematográfica de Agazzi, Valdivia, y de tantos otros no citados: Bellot, Eguino, Sanjinés, Loayza, etc.

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