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De La Candelaria a Colquepata: fiesta todo el año

Idolo Copacabana y sirenas míticas aún inquietan los adoratorios del Titicaca

Rolando Carvajal
Publicado el: 1 mayo, 2017 15 min. + -

En el rol anual de fiestas del santuario lacustre el turno reciente fue del Señor de Colquepata. Quesintuu y Umantu, las mujeres-peces que pecaron con el dios Copacabana, subyacen en culto ancestral a la veneración por la Virgen india

 

Ni bien  transcurre Semana Santa en Copacabana ya casi está encima la celebración del Señor de Colquepata, la primera semana de mayo, especialmente para los afanosos pasantes que financian entradas de conjuntos folclóricos por las calles y prestes, estos sorprendentes sincretismos o mezclas de ostentación capitalista y fiesta religiosa que se prolongan hasta tres días, sino la semana entera.

Incluso hasta el jueves 4, bailarines y auspiciantes acostumbrar desbordar las calles que ascienden al Calvario local, en cuyas faldas, entre los picos casi gemelos del antiguo cerro Llalllagua (ex Llillanaco), está enclavada la capilla del así llamado milagroso Señor de Colquepata.

Esta se alza frente a la iglesia del santuario sobrepuesta a su vez a un ancestral adoratorio donde se veneraba al ídolo Copacabana, asociado por los investigadores de las culturas prehispánicas a dos sirenas llamadas Quesintu y Umantu, y a otra divinidad, llamada precisamente Titicaca y residente en la isla que los incas llamaron del Sol.

Un poco adelantada, la reciente festividad de Colquepata que evoca una “altura de plata” a orillas del lago Titicaca, está hermanada con la menos mestiza “Santa Veracruz Tatala” en el Valle Alto cochabambino y la más nativa del “Tata Pachaka” en Macha, norte de Potosí ‒tinku o encuentro violento de por medio‒ que se honran cada 3 de mayo.

La conmemoración católica se multiplica en otras partes del mundo, de España y las Canarias a México. De California a Paraguay y Chile. Ni qué decir en Perú.

Desde los tiempos de los reyes Fernando e Isabel, hace cinco siglos, se la conoce como Cruz de Mayo o fiesta de las Cruces, aunque en Ciudad de México es sencillamente fiesta de la Cruz, cuando lbañiles y constructores festejan su día emplazando en lo alto del edificio una cruz adornada de papeles de colores o un manto blanco.

En tierra guaraní, al otro lado del río Paraguay,  es “Kurusú Ara” a secas,  alentada desde las misiones jesuíticas y la prédica franciscana frenada en parte por la tiranía del doctor Francia, “Karai Guasú”, Dictador Supremo y después Perpetuo durante 24 años, según su designación oficial en la temprana república paraguaya.

En la ciudad de La Paz, el templo de San Agustín, tal vez el más antiguo suibsistente en la vieja Chuquiabo, festeja al Señor de Mayo, cuyo altar y paredes aledañas se halla atestado de cientos de plaquetas testimoniando sus milagros.

Pero en el altiplano lacustre boliviano, Copacabana y su ancestral santuario que deviene de épocas preaymaras, las veneraciones y peticiones de favores se reproducen los 12 meses plenos de misas y bendiciones los 365 días.

“La capilla de velas de la Virgen siempre está abierta todo el año”, dice la licenciada Amalia Amaru, una de las responsables de turismo en este municipio de 15 mil habitantes, de los cuales sólo tres mil residen en el pueblo principal, la mayor parte atendiendo a turistas y peregrinos de diversos origenes y etnias.

Ocurre desde hace 500 años.

Y quizá, milenios, si se observa que las ceremonias de veneración se suceden hace milenios, según el registro arqueológico y la investigación histórica sobre el antiguo adoratorio nativo, desarrollados por especialistas como Teresa Gisbert y Hans van der Berg.

Durante la extirpación de idolatrías que protagonizaron los sacerdotes católicos coloniales enviados para evangelizar a los originarios, muchos de ellos hallaron tras los altares cristianos, estatuillas de divinidades andinas o huacas emparedadas por orden de amautas nativos, armaras o quechuas, para proseguir el culto tras la apariencia de divinidades cristianas.

Lo relata en su obra el mismo Alonso Ramos Gavilán, un agustino que en 1621 publicó la primera reseña del santuario y los milagros de la Virgen, describiendo a las familias representantes 42 naciones andinas que por orden del inca poblaron Copacabana convirtiéndola en una especie de segunda Tiwanaku y centro ceremonial sólo comparado con el Cusco, base del gobierno del Collasuyo y con último gobernador propio llamado Apu Apu Chalco Yupanqui,el que acompañó a  Diego de Almagro a Chile, según las indagaciones de Robertos Santos en los años 80.

En general,  dentro del proceso de transculturación y mestizaje entre distintas culturas como se denomina a los sincretismos sean culturales o religiosos, para el caso andino el cristianismo identifica a Copacabana con el demonio y el pecado personificado en la sirena o la serpiente escamada y sobre ellas triunfa María, refiere Gisbert.

BENDICIONES TODO EL AÑO

En el largo feriado de Semana Santa, el ancestral centro religioso pudo haber hospedado en su treintena de hoteles y similar número de alojamientos y albergues diversos, unos 9.000 visitantes, más del triple de la población local, superando las previsiones municipales de sólo 4.000 peregrinos.

“En febrero o agosto son las fiestas principales”, explica la licenciada Amaru, aludiendo al pasado 2 de febrero, fiesta de la Virgen de la Candelaria que se honra con tanta fe como en Oruro con la también famosa Virgen del Socavón.

Grupos de folcloristas, pasantes e invitados cerraron entonces calles y plazas con elevados y pesados escenarios abriendo pistas de baile improvisadas para el jolgorio que se extendió tres días en derroche de salud, bebida y música fuerte por los favores concedidos y por obtener.

La de Copacabana es deudora, en vena católica, de  la Virgen de la Candelaria, una de las advocaciones marianas trasladadas a América.

Y junto con la famosa Basílica y los sitios arqueológicos prehispánicos, el lago Titicaca es el principal destino turístico del país, tan sólo superado por el salar de Uyuni

La entrada de Colquepata es, por su parte, uno de los mayores acontecimientos folclóricos sólo superado por la  multimillonaria fiesta católica del Gran Poder en la ciudad de La Paz o la fiesta de Santiago en Guaqui, también a orillas del Lago.

Después de La Candelaria, Semana Santa y Colquepata, el pueblo y sus visitantes celebran en el solsticio del 21 de junio el año nuevo aymara, ahora “andino amazónico”.

Lo hacen sobre todo en el observatorio solar,  pachataqa, indicador preciso, a partir de esa fecha, del retorno del sol entre invierno y primavera; mirador también llamado “horca del inca” por su uso como improvisado cadalso en la loma de Kesasani, al lado del cerro Siroqa, plagado hoy de antenas de telecomunicaciones.

  LA “HORCA DEL INCA”▪ En este asiento de Copacabana se ve hoy la horca, donde eran castigados los delincuentes como lo fueron los principales agresores… Está en el cerro Sirocani y era una gran losa abrazada de dos altas peñas donde asentaban al reo y después de haberle allí afligido, le ahorcaban, quedando pendiente el cuerpo de una cuerda que corría por el claro de una de las dos peñas, a otros colgaban de los pies dejándolos rendir allí el alma; a la entrada de este suplicio, que está en forma de callejón, que hacen las dos peñas, estaba una barrenada, de modo que puede pasar una soga gruesa, donce dicen los indios que ataban las manos al delincuente, teniéndole abrazado de la peña hasta que el hambre u otro de los ministros de la muerte le quitaban la vida. -Ramos Gavilan, Cap. 28, Edición ABNB.

El 5 de agosto se recuerda la entronización de la Virgen de Copacabana como Reina de Bolivia y para el equinoccio del 21 de septiembre, al arrancar la primavera en el hemisferio sur, está la celebración de la Coya Raymi, de reminiscencias femeninas en el antiguo calendario incaico y evocaciones a culturas altiplánicas aún más pretéritas.

Entre octubre y noviembre prosiguen las visitas, no sólo desde la frontera peruana, entre 50 mil y 80 mil visitas anuales, por la fiesta en la colindante población peruana de Yunguyo, sino por el feriado largo de Todos Santos.

Para el solsticio austral del 21 de diciembre se recuerda el Qapaq Raymi, donde el motivo central era la consolidación de las lluvias del verano y la iniciación de los jóvenes de élite en el gobierno. Actual patrona y generala de la Policía, la Virgen también recibe  homenajes y peregrinos ese mes, el último del año, lo mismo que en los feriados de Navidad, Año Nuevo y Reyes, ya en enero.

La fiesta mayor es el 2 de febrero, mundialmente célebre por el día de la Candelaria, que se honra también en medio mundo, desde España a las Filipinas.

Bajo ella comenzó en la temprana colonia, desde 1583, la devoción por Nuestra Señora de Copacabana, la Virgen “morena” o simplemente “india”, una vez que el escultor Francisco Tito Yupanqui, que la había moldeado el año anterior en Potosí, la llevo a su pueblo originario parando en Chuquiabo-Nuestra Señora de La Paz, penúltimo tramo de su largo viaje antes de su asentamiento en el santuario lacustre.

EL IDOLO COPACABANA, QUESINTUU Y UMANTUU

El ídolo Copacabana y las sirenas Quesintuu y Umantuu, precedieron en culto religioso y subyacen, de acuerdo con diversas versiones prehispánicas recogidas por la crónica colonial, a la veneración por la Virgen morena.

 
Sirena en la catedral de Puno, obra de Simon de Asto, 1757. La iglesia de San Lorenzo tiene otra, igual que muchas de las ubicadas a orillas del Wiñarmarca y Chucuito, en que se divide de menor a mayor el lago Titicaca. Fotos: Teresa Gisbert cedidas al autor en los años 90. 
 

Junto con las boguitas, el umanto y otras especies piscícolas del lago están desapareciendo o se han extinguido en las últimas décadas por la pesca indiscriminada y la contaminación que actualmente afecta la supervivencia de pejerrey, karachi, suche, mauri y las truchas, que a su vez devoran los bancos de los pequeños ispis, recordó el año pasado el alcalde de Copacabana, Pedro Nina.

Entonces el ambientalista Carlos Montenegro recordó que la carne del umanto, “leon del Titicaca” declarado en extinción oficialmente en 1967, era semejante a la del pejerrey

En el siglo XVII los cronistas agustinos Alonso Ramos Gavilán y Antonio de la Calancha dieron cuenta de la aventura de Yupanqui y su talla potosina en maguey, luego de un intento frustrado en su propio pueblo, para trasladarla al convento de San Francisco en Chuquiabo, en afán de laminarla en oro antes de emplazarla en Copacabana.

Las mitológicas mujeres-peces, aún hoy presentes como imágenes en los lauraques o adornos alargados en las trenzas chipayas y las portadas de iglesias en torno a los lagos y salares del altiplano, estuvieron “sensualmente ligadas al dios Tunupa” (relacionado con el fuego), según detalla el jesuita Ludovico Bertonio en su Vocabulario aymara de 1612.

Pero la alternativa planteada por Teresa Gisbert desde 1980 en su enorme aporte sobre los mitos indígenas, válida también para tiempos que se remontan a los urus, esos primeros habitantes preaymaras del eje acuático Titicaca-Poopó que divide como espina dorsal altiplano—, es la relación entre las sirenas y el ídolo Copacabana, “dios lacustre que se enseñorea del lago Titicaca”.

El nombre del pueblo se remonta al ídolo hecho de “piedra preciosa” o “gema refulgente” de predominante color azul, según Ramos Gavilán en 1621, cuando describió que “no tenía más que de la figura que un rostro humano, destroncado de pies y manos”,  semejante a Dagón un dios fenicio con una forma femenina y cola de pez.

   

 

 

 

Idolo Copacati, en Ilave, frente a Copacabana. Ambos gráficos publicados por Teresa Gisbert

 

DESENTERRADO ● Entre los ídolos hallados por acá el más célebre fue el de Copacabana, desenterrado después por los españoles que lo encontraron junto a dos piedras grandes llamadas Ticonipa y Guacocho, ambas adoradas… Pudiera haber estado cerca del panteón actual donde hay varios asientos labrados en las piedras… estaba como mirando al Titicaca…y quizá de esta postura se llamó Copa, suena como piedra preciosa, y Cabana, derivada o suavizada de Kaguana, significa lugar de donde se puede ver: piedra de donde se ve o se puede ver. Porque en efecto,  lo que tiempo atrás veía desde esas peñas la idolatría era la otra peña, Titicaca… Fuera del ídolo Copacabana tenían otro que llamaban Copacati… de piedra de una figura malísima y toda ensortijada de culebras. Lo imploraban para lluvias en tiempo seco. A más de estos ídolos que eran como dioses comunes, había otros innumerables, pues las 42 naciones que formaban el pueblo tenían cada una los suyos particulares. Los mismos que después fueron destrozados y arrojados a la laguna por los cristianos.  –Ramos Gavilán, Cap.  25 edición fray Rafael  Sans, 1860.

Calancha en 1653 refirió que estaba “a la parte que va a Tiquina” y que “por esta piedra y su Idolo se llamaba el pueblo de Copacabana lugar o asiento de donde se puede ver la piedra preciosa… no tenía más figura  que un rostro humano destroncado de pies y manos, el rostro feo y el cuerpo como pez. A este adoraban por dios de su laguna, por creador de sus peces y dios de sus sensualidades”

Gisbert precisó que Copabana es el dios principal del lago, dios acuático, a diferencia de Con Ticcci, dios personificado en un puma, adorado en la isla Titicaca.

Así, por una parte, Titicaca es deidad e isla que dieron nombre al lago y también lugar de donde la leyenda inca dice que salieron sus ancestros, Manco Cápac y Mama Ocllo.

Por otra, en un acontecimiento no usual, María sustituye al ídolo, sin que, en palabras de Calancha, “no se halla que haya en la cristiandad imagen de la virgen que tenga el nombre del ídolo que en aquella parte se adoraba”.

Para Gisbert, el Lago fue antiguo habitat de los urus y es “probable que Copacabana sea deidad de los urus”. Pero antes, en algún momento de la teogonía preinca aparecen  cuatro  dioses:  Pachamama, diosa de la tierra, Aahuacasa del viento, Tunupa del fuego y Copacabana del agua, “contrapuestos dos a dos”.

Hace cinco años, tras recibir uno de los grandes premios que honran su trayectoria, la historiadora dijo, según rescata el portal Carlos Mesa:

“Los españoles destruyeron el ídolo Copacabana y lo tiraron al lago, enterraron los monolitos, quemaron lo que pudieron, y lo que era de metal lo fundieron. Pero en algún momento se dieron cuenta de que los indígenas adoraban a los cerros. ¿Qué podían hacer a los cerros? No podían tirarlos. Entonces los bautizaron”.

“En general, es la Virgen la que está sobre el cerro, como el Sol, la que lo protege. Hay una identificación con el cerro y a través del cerro con la tierra. Así como dios pone su semilla en la Virgen en el momento de la encarnación, así el Sol fecunda a la Pachamama”.

Concluyó que con los años las antiguas costumbres se mezclaron. “Es natural que así pasara, nadie estaba dispuesto a abandonar sus antiguos dioses”.

Para el contemporáneo agustino Hans van den Berg, rector de la Universidad Católica, el sentimiento de protección es fundamental en la relación con la Virgen, según afirmó, el año pasado, luego de presentar su estudio sobre Ramos Gavilán:

“Otra característica psicológica esencial de la cultura aymara es que el ser humano necesita de protección y busca protección. La Pachamama y los Achachilas protegen al pueblo aymara, al igual que a nivel humano los padrinos. Creo que Ramos Gavilán ha percibido esto: María es la Señora, la Madre, que protege, que ampara a los que acuden a ella”.

UNA DE QUIEN ENAMORARME, QUE MEJOR QUE VOS SEÑORA ●  Antonio de la Calancha nació en la ciudad de La Plata en el año 1584. En esa misma ciudad entró en la Orden de San Agustín, a sus 14 años de edad. Fue precisamente en ese año de noviciado que recibió una impresión concreta de lo que la Virgen de Copacabana podía efectuar en una persona. Un joven español, Diego Triviño, “hidalgo noble y sus padres de caudal” , que había venido a las Américas y se había establecido en la ciudad de La Plata, durante bastante tiempo había llevado una vida bastante disuelta y se había convertido en una persona mujeriega. Una noche salió de su casa “con propósito de servir a la primera que le pareciese bien aquella tarde. Resuelto a esta acción… halló en el zaguán un escultor que traía para vender (debajo de la capa) un bulto mediano, imagen de nuestra Señora de Copacavana. Volvió con el escultor a su estudio; compróle la santa Imagen. Y quedándose solo remirándola, le encendió el alma, le trocó el corazón, suspendióle los sentidos, tembló, sintió inmutadas las potencias y le conmovió de manera sólo el mirarla, que dijo: “Yo iba a buscar mujer de quien enamorarme, ¿qué devota mejor que vos, soberana Señora? ¡Qué plata más bien gastada!” Y derramando copiosas y tiernas lágrimas, se estuvo de rodillas dos horas”. El hombre se convirtió y se hizo agustino. Fue en el año 1596, en Arequipa. En 1598 visitó a Chuquisaca y fue allá que el novicio Antonio de la Calancha escuchó de sus propios labios toda su historia . Van der Berg, 2012, en “Milagros de la Virgen en obras de los agustinos”.

http://sanagustin.org/Documentos/Congreso/HvdB_milagros_Virgen_Copacabana.doc.

 

 

 

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